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2 de octubre: Cuando la memoria también debe servir para vigilar al poder

Han pasado 58 años desde aquella noche de 1968 en la que un movimiento estudiantil que exigía libertades y derechos fue reprimido en la Plaza de las Tres Culturas.

2 de octubre: Cuando la memoria también debe servir para vigilar al poder

Este 2 de octubre México vuelve a mirar hacia Tlatelolco. Han pasado 58 años desde aquella noche de 1968 en la que un movimiento estudiantil que exigía libertades y derechos fue reprimido en la Plaza de las Tres Culturas.

El Estado mexicano ha reconocido oficialmente la gravedad de aquellos hechos y la responsabilidad del Estado en la represión. La fecha permanece como un símbolo de memoria, justicia y defensa de los derechos humanos.

Pero recordar Tlatelolco no puede convertirse solamente en un acto protocolario.

La verdadera pregunta es qué significa hoy decir: “2 de octubre no se olvida”.

Significa entender que ningún gobierno debe considerar enemiga a la sociedad que cuestiona sus decisiones. Significa defender la libertad de expresión, la protesta pacífica y el derecho de los ciudadanos a exigir cuentas a quienes ejercen el poder.

Una democracia no se fortalece cuando solamente se escucha a quienes están de acuerdo. Se fortalece cuando también se respetan las voces críticas, cuando existen contrapesos y cuando las instituciones pueden actuar con autonomía.

Y precisamente por eso, esta conmemoración debe servir para recordar que el poder público tiene límites.

La historia de 1968 nos demuestra las consecuencias que puede tener la concentración del poder cuando la autoridad deja de escuchar a la sociedad y responde a la inconformidad con represión.

Desde Acción Nacional consideramos que recordar a quienes participaron y fueron víctimas del movimiento de 1968 implica también defender hoy las libertades, los contrapesos, la pluralidad y el derecho ciudadano a disentir.

Porque el mensaje de Tlatelolco no pertenece a un partido ni a una generación. Pertenece a todos los mexicanos.

Y quizá la mejor manera de honrar esa memoria sea garantizar que nunca más en México la crítica sea considerada una amenaza y que nunca más el poder esté por encima de los ciudadanos.

Cómo seguimos esta historia

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