¿Por qué ahora? La detención de Ruffo y la vara de la justicia
Mientras un exgobernador opositor fue detenido y presentado ante una jueza en cuestión de horas, los diez señalados de Sinaloa siguen sin una sola orden de aprehensión ejecutada en México.
Por: Eduardo Ortiz H.
Hay una vieja regla en la política: cuando un tema incómodo domina la conversación pública, quien logra cambiarla obtiene una ventaja.
Por eso la detención de Ernesto Ruffo, el jueves 16 de julio en Ensenada, provocó una pregunta inmediata: ¿por qué ahora?
La investigación en su contra era pública desde septiembre de 2025. Diez meses después, la orden se ejecutó justo cuando la agenda nacional estaba dominada por lo que más presiona al gobierno: la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra diez funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa, incluidos el gobernador, un senador y el alcalde de Culiacán, las solicitudes de extradición pendientes desde abril y una violencia que no cede.
El contraste es imposible de ignorar. A un exgobernador de oposición de hace treinta años se le detiene y se le presenta ante una jueza federal en cuestión de horas. A los diez señalados de Sinaloa, la cúpula del poder estatal, varios aún en funciones, no se les ha ejecutado una sola orden de aprehensión en México.
Lo que exigimos es la misma vara: la misma velocidad, el mismo rigor y la misma contundencia para todos.
El gobierno asegura que no hay motivación política. Perfecto. Entonces que lo demuestre donde importa: en Sinaloa.
Porque cuando la justicia actúa rápido contra los adversarios y se paraliza frente a los aliados, el daño no es para un partido. El daño es a la confianza en las instituciones.
¿Ganó Morena con el cambio de conversación? En el corto plazo, sí: durante unos días se hablará menos de lo que le incomoda.
Pero cambiar la conversación no cierra la anterior.
Solo la aplaza.
Y las conversaciones aplazadas siempre regresan.
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