El Cinismo de Rubén Rocha Moya
Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura pero enfrentó presión federal inmediata. El gobernador pidió licencia indefinida el mismo sábado, marcando un posible conflicto entre gobiernos federales.
El Barista de la Política
Estimad@s lectores de Para Un Buen Café:
El viernes pasado regresó Rubén Rocha Moya al Gobierno de Sinaloa. Esto sorprendió a propios y extraños. Todo comenzó con un mensaje publicado por el propio Rocha en su cuenta de la red social X, anunciando su regreso a la gubernatura. Posteriormente, las imágenes mostraron su llegada a Palacio de Gobierno, retomando sus actividades; se reunió con el gabinete y, posteriormente, tomó protesta nuevamente a Yeraldine Bonilla Valverde como secretaria general de Gobierno.
Sobre la administración temporal de Yeraldine Bonilla Valverde, es evidente que ella terminó siendo la cara visible del Gobierno de Sinaloa. Sin embargo, las decisiones políticas relevantes continuaron siendo tomadas por Rocha Moya. Por desgracia, Yeraldine fue la marioneta. Su regreso al cargo es natural le cuido la espalda.
El regreso de Rocha ocurrió, además, en un tono desafiante. Para quienes hemos manifestado públicamente nuestra inconformidad con su administración, es imposible ignorar los señalamientos de vínculos con células del crimen organizado, derivando en una explosión de la violencia en Sinaloa.
A pesar de la gran presencia de fuerzas federales, la violencia sigue siendo un problema en la capital y en diversas regiones de Sinaloa. Los efectos no solamente se reflejan en materia de seguridad, sino también en las actividades económicas y en la tranquilidad de miles de familias sinaloenses.
Pero el regreso adquiere una dimensión por el momento en que ocurre; coincide con la detención y puesta a disposición del Ministerio Público Federal de Fausto Corrales, quien fuera chofer del exrector de la UAS, maestro Héctor Melesio Cuén. Su testimonio es relevante para esclarecer, en parte, qué ocurrió en el rancho donde fue secuestrado Ismael “El Mayo” Zambada, así como para aportar elementos sobre el asesinato de Cuén y, aún más, sobre el montaje que la entonces Fiscalía General del Estado intentó sembrar sobre el asesinato del maestro Cuén.
La propia Fiscalía General de la República (FGR) cuestionó la versión inicialmente presentada sobre el supuesto ataque contra Cuén, ocurrido en una gasolinera al norte de Culiacán. Las investigaciones federales derivaron posteriormente en la salida de Sara Bruna Quiñónez de la Fiscalía estatal y en fuertes cuestionamientos sobre el manejo de la escena del crimen. Lo señalo un montaje de tal magnitud debió contar con la anuencia del gobernador.
Uno de los aspectos más delicados fue el señalamiento de modificaciones en la escena del crimen y, posteriormente, la cremación del cuerpo del exrector. Todo ello forma parte de un expediente que todavía tiene muchas preguntas sin responder, siendo Fausto Corrales la pieza clave.
Lo más llamativo no fue solamente el tono cínico con el que Rubén Rocha Moya anunció su regreso. Creyendo, en primera instancia, que era un mensaje para sus detractores, sin embargo, el mismo viernes comenzaron a aparecer señales políticas que parecían marcar distancia de sus propios aliados.
Primero surgieron pronunciamientos de la Secretaría de Gobernación señalando que hay investigaciones abiertas del gobernador en la FGR. Posteriormente, hubo posicionamientos de legisladores federales de Morena, Verde y PT; de ahí siguió un pronunciamiento de la dirigente nacional de Morena y, finalmente, un pronunciamiento de gobernadores emanados de ese partido que tampoco pareció respaldar políticamente el regreso del mandatario sinaloense.
Difícilmente es una coincidencia que todos estos mensajes aparecieran prácticamente al mismo tiempo. Mi lectura es que estamos frente a una operación política ordenada desde Palacio Nacional, el cual no está dispuesto a cargar con el costo político del regreso de Rocha Moya.
Ya el sábado, en forma indirecta, la propia presidenta Claudia Sheinbaum mandó la señal de no estar de acuerdo con el despropósito del regreso al poder de Rocha.
La embestida armada desde el Gobierno federal sobre el regreso al poder de Rubén Rocha Moya, la presión no la pudo aguantar. Ya para el sábado por la tarde, nuevamente el gobernador pidió licencia al cargo, pero en esta ocasión el documento señala ya expresamente la palabra indefinida.
Es muy probable que, ante esta trama, estemos frente a un primer choque entre AMLO y la presidenta Claudia Sheinbaum.
López Obrador le pide a Rocha Moya que regrese a la gubernatura, con la finalidad de desviar la conversación pública hacia él, para proteger a su cachorro, Andy, quien en las últimas semanas ha sido muy golpeado.
Pero le agregaría la negociación del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, con el Gobierno norteamericano, para la expulsión de Argentina del contralmirante Fernando Farías Laguna, quien es pieza fundamental en una red de huachicol fiscal, donde seguramente habrá altos funcionarios de la anterior administración. Y eso le afecta directamente a la imagen de AMLO, donde señalaba que bajo su administración acabó con la corrupción y está a punto de probarse lo contrario.
La próxima semana será clave para ver las señales. Por un lado, ver si el gobernador sustituto en Sinaloa es gente de Rocha nuevamente o ya es alguien puesto desde Palacio Nacional y, sin duda, serán las primeras señales de la Dra. Claudia Sheinbaum, donde el poder ya no lo negocia con Palenque, Chiapas, sino ella lo ejerce; la conversación pública estará muy cargada los próximos días.
En el cinismo de Rubén Rocha Moya, al final el salió perdiendo y mucho.
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Hasta el próximo lunes. ☕✍️
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