EL INE FRENTE A 2027: DEMASIADAS SEÑALES DE ALERTA
En este mes de septiembre, de orgullo nacional, coincide este 2026 con el inicio del proceso electoral que habrá de culminar el primer domingo de junio de 2027, cuando se renovarán más de 19 mil cargos de elección popular en todo el país.
Por: Emilio Martín Sánchez Parra
El Barista de la Política
Estimad@s lectores de Para Un Buen Café:
En este mes de septiembre, de orgullo nacional, coincide este 2026 con el inicio del proceso electoral que habrá de culminar el primer domingo de junio de 2027, cuando se renovarán más de 19 mil cargos de elección popular en todo el país.
Sin embargo, después de más de tres décadas de contar con un árbitro electoral que había alcanzado un alto grado de confiabilidad nacional e internacional, para este proceso electoral comienzan a aparecer señales de alerta sobre la vulnerabilidad del INE frente al poder público.
La primera señal se encuentra en la actuación del organismo electoral respecto al partido político Somos México, hoy denominado oficialmente SOMOS.
La organización obtuvo su registro como partido político bajo la denominación Somos México. Inmediatamente, el INE determinó que debía modificar su denominación, emblema y colores. Entre los argumentos se planteó que la utilización conjunta de determinados elementos podía generar una asociación con la identidad nacional.
El tema del color podría parecer válido; sin embargo, resulta llamativo que posteriormente la propia identidad gráfica del INE cambio hacia tonalidades lilas, algo lo cual no surgió de un día para otro. Esto debilita los argumentos utilizados para cuestionar el color de dicho partido.
Respecto a la utilización de la palabra “México”, también existen elementos que alimentan el debate. Actualmente hay partidos políticos que incluyen esa palabra en su denominación, como el Partido Verde Ecologista de México. Incluso Morena hace uso de la denominación México.
Aquí surge una pregunta legítima: ¿El INE está aplicando el mismo criterio a todas las fuerzas políticas?
Para quienes vimos la llamada Marea Rosa y la molestia que generó al Gobierno Federal y a Morena, llama la atención que hayan sido los únicos que avalaron dicha determinación.
La segunda señal de alerta. Un día antes del inicio formal del proceso electoral, renunció a la Secretaría Ejecutiva del INE Claudia Arlett Espino, argumentando motivos de salud. Ese mismo día, la presidenta del INE designó a Roberto Carlos Félix López como encargado de despacho.
Expreso la Secretaría Ejecutiva del INE es una pieza fundamental en la operación y, por ello, una sustitución de esta naturaleza, justo al inicio del proceso electoral, genera necesariamente preguntas sobre la continuidad, la experiencia y la capacidad operativa del organismo.
Lo delicado son las peticiones de renuncia del encargado del despacho, para quienes estaban en dicha Secretaría Ejecutiva, para luego ingresar personal sin experiencia y, hasta donde se puede advertir, sin preparación. Dudo de desconocimiento del encargado de despacho que para un proceso electoral de tal magnitud requiere experiencia, profesionalismo, continuidad y certeza institucional, a lo mejor está actuando bajo ese conocimiento y busca a personal con todo lo contrario, para un mal proceso electoral.
La tercera alerta, quizá la más delicada. El INE tiene entre sus responsabilidades garantizar condiciones de equidad en la competencia electoral. Las actividades políticas anticipadas son algo que el organismo debe seguir de oficio, y ante los actos de Morena su actuación es nula.
Reitero el caso de Morena: sus procesos para definir coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación son actos anticipados; hay publicidad, hay eventos masivos y es de conocimiento general que quienes son designados coordinadores son sus futuros candidatos a gobernadores.
El problema radica en que, a pesar de que Morena realiza esto abiertamente, el INE no solo no actúa, sino que además ha señalado que no ve estos actos anticipados de campaña. De ese tamaño es la sumisión del órgano electoral frente al Gobierno y su partido.
Estas señales obligan a poner los focos ámbar sobre la actuación del INE y sobre el cumplimiento de sus principios de certeza, legalidad, imparcialidad, independencia, objetividad y máxima publicidad.
La confianza ciudadana no se decreta: se construye con decisiones que puedan ser explicadas, defendidas y aplicadas por igual a todos los actores políticos.
En cuanto al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, solo digo que está plenamente sumiso al poder. Estoy seguro de que sus resoluciones pasan por el visto bueno de Palacio Nacional.
Ante este escenario, resulta indispensable fortalecer la observación nacional e internacional de todo el proceso electoral. Una observación a la que el INE está obligado constitucionalmente a someterse; es un instrumento de poder que la ciudadanía y los partidos políticos todavía tienen y esto puede servir como contrapeso para el propio INE, para garantizar su correcta actuación.
Esta es mi aportación al debate. Pero ahora, acompañados de un buen café, hagamos lo más importante: formar tu propia opinión y compartirla en nuestros portales.
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Hasta el próximo lunes.
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