Ganan menos de la mitad y ni siquiera cuentan: así viven las pescadoras
Mientras los hombres ganan hasta 8 mil pesos en la pesca, ellas apenas llegan a 3,490. Y el padrón oficial ni las ve. Historia de cómo se organizaron para cambiar eso.
Imagínese trabajar todo el día limpiando pescado, hilando redes o vendiendo el producto en el mercado, y que al final del mes su sueldo sea menos de la mitad de lo que gana el compañero que sale a la mar. Así es la vida de miles de mujeres en la pesca mexicana: un diagnóstico participativo de la Secretaría de las Mujeres encontró que ellas ganan en promedio 3,490 pesos, mientras los hombres perciben entre 7,000 y 8,000. La diferencia no es un detalle: es la mitad del ingreso, mes tras mes.
¿Y por qué pasa esto? Porque para el gobierno, muchas de estas mujeres simplemente no existen. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2025 del Inegi, solo el 5.98 por ciento de las mujeres dedicadas a la pesca están registradas oficialmente. El padrón de pesca solo toma en cuenta a quien extrae el producto del agua, y deja fuera todo lo demás: procesar, empacar, vender, administrar. Ese trabajo, que sostiene la cadena completa, lo hacen en su mayoría ellas. Y si no estás en el padrón, no cuentas para los programas ni para el presupuesto. Tampoco sorprende entonces que el 58 por ciento no tenga acceso a servicios de salud pública.
De la invisibilidad a la organización
Frente a ese hueco, las mujeres decidieron organizarse solas. Formaron cooperativas que sí reconocen a todas las que trabajan en la cadena: acuacultoras de ostión, quienes hacen jabones o aretes con escamas de pescado, promotoras de turismo sostenible. De esa unión nació la Red de Mujeres Marea Sostenible, presente en 13 estados costeros, incluido Sinaloa. Marea procesa y vende productos como ostiones en escabeche y laminilla de bonito, y ha llevado su reclamo hasta el Congreso: pedir que se reforme la ley de pesca para reconocer a las mujeres en toda la cadena de valor, no solo a quienes pescan.
La red también ha tocado la puerta de Semarnat para recuperar manglares y lagunas, y de Conapesca para exigir que el presupuesto y los programas sociales las incluyan. Porque hoy, ni siquiera dentro de las cooperativas pesqueras existentes las dejan ocupar cargos directivos, y en el Consejo Nacional de Pesca no tienen representación. Es la paradoja de sostener un sector sin tener voz en cómo se decide su futuro.
Parte de esa lucha llegó hasta el Senado en forma de imagen: el corto documental Té de agua salada, sobre mujeres pescadoras de Sinaloa, se proyectó ante legisladoras. De ahí salió una iniciativa de las senadoras Ivideliza Reyes y Araceli Saucedo para dotar de seguridad social al sector pesquero. Falta ver en qué queda esa propuesta, pero ya hay algo que antes no existía: que una pescadora sinaloense contó su historia, y alguien con poder de decisión la escuchó.
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